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martes, 5 de enero de 2010

La Plaza de la Verdura

La Plaza de la Verdura
Postal de los años 60

La Plaza de la Verdura ha sido para nuestra familia un lugar muy especial, en los últimos ciento cincuenta años una parte de nuestra historia se ha desarrollado allí (pinchar aquí para leer la historia de Isabel), y también ha sido el centro de la historia misma del pueblo: la primera armona, la calle Madera, el primer matadero, el primer mercado, el Salón Moderno, la Peña Flamenca, el café de Janeiro, la lectura de la prensa, la Comedia de Ubrique.
Lugar de celebraciones, de fiestas, fundamental para la Fiesta de los Gamones el 3 de mayo cada año, para el Belén Viviente, para los carnavales...
Muchos ubriqueños han dedicado sus trabajos a la Plaza, (pinchar aquí), han fotografiado, pintado y reflejado la vida de la plaza en el último siglo. Nuestro padre también; transcribimos a continuación un extracto del capítulo III de "Ubrique, Ecrucijada Histórica para caminos juveniles":


La Plaza de la Verdura
Capítulo III de “Ubrique, encrucijada histórica”


Había terminado la misa mayor de aquel domingo, y acudimos a la cita en la Plaza del General Mola, próxima a la Iglesia. Atravesando el callejón de Maza (lateral a dos casas de indudable interés, una por ser “cuna” de los artículos de piel con que tan buena fama tiene ganada Ubrique, y la otra por ser una bella construcción del presente siglo, y estar adornada con múltiples y multicolores azulejos sevillanos) vinimos a desembocar al lugar en el que ya nos esperaban algunos compañeros.

La Plaza, que popularmente es conocida con el nombre de “La Verdura”, era espacio capaz para charlar un poco y, sobre todo, organizarnos mucho para poder continuar con nuestras actividades. Había que centrar los trabajos y no ir dando tumbos sin una meta definida; teníamos que marcar unos objetivos y perseguirlos hasta conseguir su estudio definitivo.


La Plaza de la Verdura
Años 50


Una idea casi nos obsesionaba: ¿Porqué en aquella altura del Salto de la Mora existió tan interesante población romana? ¿Porqué ese fabuloso Columbario? Tendría que haber una razón muy sencilla para su existencia. ¿Sería la propia defensa natural des sus tajos la que le dio tan vasta fama? ¿Sería la calidad de sus aguas, sus bosques y sus montes los que hubieran servido de atractivo en esa importante época colonial romana? ¿Sería la posibilidad de existencia de alguna mina? Son muchos interrogantes para poderlos contestar en una soleada mañana dominguera desde la plaza de la Verdura de Ubrique...


Entrada a la Plaza de la Verdura
desde el Callejón de Janeiro
Foto: Esperanza Cabello, 1985


Lo que sí nos aventuramos a diagnosticar era que esa población se había asentado sobre el Salto de la Mora, concretamente la “res publica ocurritaror(um)” desde los principios de la romanización hacia el siglo II antes de Cristo y hasta su desaparición, hundida por las huestes vándalas, creadoras y destructoras de Andalucía. Y que su mayor esplendor lo alcanzaría coincidiendo con la denominada "época imperial" sobre todo hacia el siglo I después de Cristo, habiendo nosotros llegado a saber ésto tras los estudios pertinentes del Columbario...

Uno de los nuestros, que tenía pocas ganas de discernir sobre estos pasados tan pretéritos, se ilusionó un poco cuando nos relató algo sobre la plaza en la que estábamos.

¿Porqué se llama “de la Verdura”? -inquirió-. Pues muy fácil. No hace ni medio siglo, Ubrique, carente de mercado público, tenía que atender las necesidades de compra y trueque de las mercaderías, sobre todo los productos de sus numerosas huertas. Y qué mejor que esta bonita plaza, céntrica, para que cada comerciante realizara sus transacciones: aquí, Dolores la de los churros; allí los del pescado de Estepona; María Cordón con su carne; los hortelanos con sus frutas y verduras...



Plaza de Fermín Galán
Mercado de Abastos
Fotografía recuperada por Manuel Cabello


Y nuestro compañero, sintiéndose centro de nuestras miradas, extendía su mano hacia el frente, girando en redondo , por lo ancho y grande de la plazuela, e indicando supuestamente los sitios de venta. Ahí en el número uno estaba el Café de Janeiro, centro social del Ubrique antiguo. Su café “a perrilla” era degustado por todas las capas sociales de Ubrique. Junto a su puerta ocurrió aquello de “TERMINÓ COMO LA COMEDIA DE UBRIQUE”.


Plaza de la Verdura
Fiesta de los gamones, 3 de mayo de 1986
Foto: Esperanza Cabello




Ante nuestro interés él prosiguió: “Sí, se celebraba, hace ahora unos doscientos años, una representación teatral al aire libre. Los cómicos se habían instalado en la posada de Cañaílla, junto al Ayuntamiento... El día de la actuación, llenita la plaza de público, ocurrió un hecho singular. Se iba a representar “Reinar después de morir”, de Vélez de Guevara, y en el momento supremo, con la muerte de doña Inés pronunciando estas palabras dirigiéndose a su verdugo, el Rey:
“¿La vida queréis quitar a quien rendida tenéis?”
En ese momento el pueblo, ese pueblo sencillo y llano que contemplaba la escena, al ver la ignominia que se iba a cometer, asaltó en masa el escenario, dándole al actor que representaba el papel de Rey una soberana paliza y “liberando” de la muerte a doña Inés de Castro Coello de Garza.

Tuvimos que reír la aclaración, porque el dicho de “Terminar como la comedia de Ubrique” es muy popular y querido de todos.



Plaza de Abastos. El toro del gayumbo. 1875
Fotografía recuperada por Manuel Cabello


Frente al café de Janeiro estaba el Matadero Municipal, que más tarde se transformaría en Salón Moderno, sala de teatro que no llegó a alcanzar gran éxito en las artes de Talía; sí, en cambio, en salón de “varietés” muy propio de los años 20.
Y de ese mismo edificio salía el “toro del gayumbo” o “toro enmaromado” hasta principios del siglo XX, en palabras de don Francisco García Parra en 1903, “típica y tradicional costumbre del toro de cuerda que, en determinadas fiestas, recorría las calles de la villa en original desfile, entre el alborozo popular, sujeto con una larga cuerda que le servía de guía a los conductores y, a la vez, de defensa contra el animal”.





Plaza de Fermín Galán
Oleo de Martel según la fotografía precedente
Ubrique, 1991

viernes, 19 de junio de 2009

Manuel Cabello Janeiro, Historia de los Curtidos romanos y árabes en Ubrique



Esta fotografía, tomada en el momento de la presentación del primer libro de Manuel Cabello, "Ubrique, encrucijada histórica" guarda aún la alegría y la satisfacción que sentía en el momento de mostrar a todos su trabajo. Por fin había conseguido plasmar muchas de las experiencias que había vivido con sus alumnos y sus compañeros, había conseguido publicar su primer libro, y estaba rodeado de sus compañeros, sus amigos y su familia. Francisco Collado y Salvador de Sancha habían escrito la presentación y el prólogo de la obra. Juan de Dios Carrasco Janeiro y José Núñez Fernández se habían encargado del diseño, la reproducción y la portada. Esperanza Izquierdo, su mujer, se había encargado de las correcciones y Leandro Izquierdo había escrito una poesía para la presentación.
La obra la dedicó a su familia, y es un tesoro para todos los ubriqueños, porque en veintisiete capítulos trata temas relacionados con la historia de nuestro pueblo y la comarca.
Ya escribimos el capítulo XX, que trataba del descubrimiento de la Mesta en Andalucía, y a continuación transcribiremos el capítulo VI.



CAPÍTULO VI
CURTIDOS ROMANOS Y ÁRABES

El Rodezno, en otro tiempo tan verde y exhuberante, había perdido no decimos un poco, sino un mucho de su grandiosidad y belleza pasadas. Aquel pequeño rincón ubriqueño era algo así como el centro para la vida ciudadana, no sólo para el solaz y el recreo, sino para una actividad febril en varios aspectos.

Dos o tres molinos (uno de ellos, conocido como el de Cotrino o el del Nacimiento, fue en 1986 sede de la primera Fábrica Municipal de Luz, y principio de la central autóctona de la "Eléctrica de la Sierra". En aquel antiguo molino se molturaba el trigo durante el día, y por la nocha se producía la electricidad) hacían girar sus descomunales ruedas harineras con el agua que, procedente del cercano nacimiento de la Cornicabra, caía en cascada sobre los arcaduces o cangilones de una noria conectada a la rueda dentada que engranaba con la principal de la tahona, y que en el argot molinero se conocía como "rodezno", de ahí que a la zona se la hubiera bautizado ya con el nombre de "El Rodezno". Y debió de ser muy antigua la instalación de estos molinos, porque escudriñando en las ruinas de uno de ellos, en determinada ocasión, encontramos una piedra escrita a manera de lápida, que conservamos y que textualmente decía:

"JHS (es un símbolo religioso) ESA OBRA HIZO GASPAR Y CABEZA AÑO DE 1682"

Como puede inferirse se trata de una lápida conmemorativa escrita en castellano antiguo, y para nosotros, los de la pandilla, de un hallazgo más.

Las aguas enfurecidas por la caída, salen al exterior por debajo de los molinos y como despedidas hacia afuera, formando arcadas reverberantes.

Y era bonito, porque, tiempo atrás, amén de aquel oficio de panadero, también se ejercitaba allí el de las lavanderas, mujeres que con paneras de madera o corcho de escalones redondeados longitudinales, realizaban el lavado de la ropa en aquellas limpias y frescas aguas, con tan sólo "jabón del verde" (hecho en labor artesanal con la cáustica y el aceite) y el agua. Y sobre todo ... ¡mucho pulmón! para una tela más pulcra.
Aquellas mujeres daban al ambiente un tono de jovialidad y alegría. Era muy agradable estar en el Rodezno!
Las aguas salidas del molino formaban un pequeño afluente del río de Ubrique al unirse con otro pequeño arroyo que procedía del Rano,y se fundían en el Llano del Río, como a cien metros más abajo. A partir del Rodezno y casi en ese centenar de metros se sucedían los molinos harineros, movidos por la misma agua, y las TENERÍAS, que precisamente aquella misma tarde en que nos habíamos citado allí pretendíamos conocer con más detalle, ya que hacía bastantes años que estos centros de producción de "pellejos curtidos" (fenomenales pieles que a través del tiempo habían dado origen a la famosa marroquinería ubriqueña) habían desaparecido; tan sólo quedaban allí ruinas y desolación. Era el imperio de la salvaje vegetación y de las ratas!

Lo mismo ocurría con los molinos harineros que habían desaparecido, todos menos unos, que , levantado sobre ruinas pasadas se había enganchado en el carro del progreso...

En realidad estábamos muy interesados por conocer una fábrica de curtidos, porque nos habían comunicado desde el Ayuntamiento que durante la Segunda República el número de tenerías a lo largo del río de Ubrique pasaba del medio centenar y que durante la Guerra Civil se militarizaron las que quedaban en número de cuarenta.

En el propio Rodezno habían existido cinco tenerías, de las que a su dueño sólo quedaba una, propiedad de Don Manuel Rojas, muy decrépita y en ruinas. Las otras cuatros habían desaparecido ya, por ampliación del camino de la Esperanza, paralelo al río, o por adecuación para viviendas. Así pues, sólo podíamos investigar algo en lo que quedaba de la del señor Rojas.
Efectivamente era una auténtica ruina. Tuvimos que penetrar en ella en guardia ante el posible evento de un desprendimiento, y mientras lo hacíamos la primera pregunta que dirigimos a su dueño fue que por qué junto al río de Ubrique habían funcionado tantas tenerías. Su contestación fue inmediata: "El agua es de gran calida para los curtidos, por su alto contenido en cal, magnífico curtiente que se emplea desde la más remota antigüedad."
-Pero los curtidos -inquirimos- ¿a qué fecha se remontan?
-Creo que existen documentos exactos de la curtición de las pieles en el Antiguo Egipto, contestó el señor Rojas, y a través de pinturas jeroglíficas se puede determinar más o menos fecha y manera de hacer el curtido.
- Y concretamente en Ubrique, ¿desde cuándo?
- Pues, hijos, eso ya no lo sé yo. Tengo cierta idea, pero es posible que entre en el campo de la hipótesis y la fantasía, de que los árabes supieron ya hacer una curtición tan perfecta, que muchas de sus rodelas y escudos de guerra estaban confeccionados con piel de Ubrique. me refiero a los árabes que ocuparon España durante casi ocho siglos. Os enseñaré en el interior una piel curtida no sabemos en qué fecha, porque cuando se compró esta fábrica, que lo hizo mi padre, sobre los años treinta, ya estaba aquí. Verán ustedes qué dureza, qué curtición tanto que sería muy difícil que la traspasara una flecha ni cualquier otra arma por el estilo. Además observaréis su ligero peso.

Y, efectivamente, nada más traspasar el umbral del segundo portón, al entrar en una habitación que olía a abandonada, dándonos cierta sensación de antigua oficina, pudimos ver por entre las maderas rotas de un viejo estante algo parecido a una manta mal doblada. Se trataba de una piel de becerro gruesa curtida en Ubrique hacía más de treinta años y que los familiares el señor Rojas usaban de vez en cuando , cuando eran necesarias unas "medias suelas" para los zapatos. Era dura como la madera, y su peso, a pesar de su gran tamaño, no debía de ser grande, de unos diez o doce kilos. Con estos datos no nos extrañaron las asevaraciones de nuestro acompañante.

Penetramos más al interior, una especie de patio porticado donde estaba el "alma mater" de su pasada industria. Todo indicando ruina: vigas caídas, tejas rotas por los suelos, desconchones, telaraña, enfin, un caos.

No obstante pudimos comprobar que en el suelo se hallaban dispuestos varios pilones o pequeñas piscinas, todos muy profundos , alcanzando los dos o tres metros de profundidad. El tamaño era muy irregular. Se ajustaban en realidad a las medidas de este patio porticado. Unos mediría, sobre superficie, 4x5 metros, otros 4x2 y así en este orden hasta completar seis pilones o noques, distribuidos cuatro semejantes en paralelo y dos a todo lo largo del rectángulo que formaban los cuatro mencionados.

-He ahí, dijo el señor Rojas, donde estaban los pellejos para su curtición. Contenían aguas preparadas para descarnar, depilar y conservar. Todo se hacía de manera natural, a base de sal común, que la traían las bestias desde las Salinas de Hortales, que ustedes ya conocen; curtientes como el tanino y el tejido suberoso de la encina y el alcornoque, y la cal, principal elemento en la curtición.

Una vez tratadas las pieles, continuó animado nuestro anfitrión, se pasaba al laboreo, sobre esas mesas que aún, milagrosamente, se canservan en pie. Esa de formas redondeadas e inclinada sobre el suelo, se usaba para el trabajo "de rivera", que era el primero que se efectuaba sobre las pieles, junto al río, por donde se mandaban las inmundicias de pelos, lanas y carnazas.

En las otras mesas, como veréis de mármol encuadrado con madera, se efectuaba el trabajo de "rematado", donde la piel, libre ya de todas las impurezas, recibía manipulaciones de perfeccionamiento hasta conseguir un curtido de gran calidad, que siempre fue muy famoso.

-Archiconocida era, prosiguió, la piel de Ubrique, hasta hay quien piensa que "el ubrique" era un animal especial...

Todos reímos la salida.

¿ Y cuánto tiempo se tardaba en curtir una piel? Fue en ese momento la pregunta obligada.

- Pues, más o menos... mirad, nos dijo, esa piel que hemos visto en la oficina, mi padre nos decía que habían tardado por lo menos dieciocho meses en prepararla. Nada menos que año y medio ¿Qué os parece?

Le tocó el turno al instrumental. Sobre las paredes había de todo. Y por los suelos ¿cómo no? también. Trás un simple ojeo pudimos catalogarlos en dos grupos, en los que las únicas diferencias se manifestaban por el tamaño. Después supimos que los instrumentos de uno de los grupos se llamaban estiras, y los del otro cuchillos. Estos últimos eran los más grandes, como de medio metro cada uno. Básicamente estaban fromados por una larga hoja de acero, semicurva, a manera de mandoble, en cuyos extremos se encontraban los mangos de madera. La piel, salida del noque correspondiente (unos con cal, otros con salmuera, otros con los curtientes) y bien reblandecida, se popnía sobre el tablero "de rivera" y la destreza del tenerario o curtidor iba limando las impurezas que contuviera: pelos, carnaza y restos, con los cuchillos de pelar, descarnar, desollar, etc.
Estos restos pilosos, o epiteliales, se dejaban secar al sol, y de los mismos se obtenía una magnífica cola de carpintero, muy apreciada por su alta calidad.
Seguía el proceso y la piel, después de varias semanas en los noques correspondientes, pasaba al tablero o mesa de rematado, donde con los otros instrumentos, llamados estiras, más pequeños que los cuchillos, como de 15 centímetros, le iban dando la consistencia necesaria y el ahormado preciso para que quedara una piel de bonito acabado.

La visita fue muy entretenida y quedamos satisfechos, pero lo estuvimos aún más cuando le pedimos al señor Rojas unas muestras del instrumental y algunos objetos en desuso de la tenería, y muy amable nos lo regaló.

En nuestras manos quedaba todo un muestrario de piezas de antología, correspondientes al instrumental de una fábrica de curtidos antigua que había desaparecido por imposición de la vida moderna que había aportado nuevas técnicas para la curtición. Gracias a nuestra visita este material se salvaba, y con la mejor ilusión prometimos guardarlo hasta que se creara el MUSEO DE LA PIEL DE UBRIQUE.

Después hemos buscado y rebuscado por otras antiguas tenerías ubriqueñas, sobre todo por aquellas que se militarizaron entre los años 1936 y 1943, pero no pudimos encontrar nada más. Todo había sido aniquilado por el abandono.

Nuestras conclusiones de estas visitas fueron muy claras y concisas. Bien merecían las tenerías un profundo estudio etnológico, por la importancia vital que han tenido para Ubrique, no sólo para su desarrollo comercial, sino porque el curtido ha sido la base fundamental para hacer de Ubrique CUNA DEL ARTÍCULO DE PIEL. Historiadores y etnólogos son lo que Ubrique necesita.

x x x

Salimos de la tenería. Frente por frente, de nuevo nuestro Convento, ahora en silencio trás la exclaustración de la comunidad capuchina que lo ocupara hasta el año 1936. Sólo queda como testimonio religioso el ser Santuario de la Patrona de Ubrique, la Virgen de los Remedios. Y junto a él, saliendo casi de sus pies, unas enormes arcadas, doce en total, que soportaban una conducción de agua a través de un canal que pasa por encima, a manera de acueducto romano.

viernes, 17 de abril de 2009

Los archivos de Benaocaz: El descubrimiento de la Mesta en Andalucía por Manuel Cabello Janeiro


Manuel Cabello hizo sus estudios de magisterio ya mayor, con cinco hijos en el mundo y muchas ganas de hacer cosas nuevas. Su primer destino fue Igualeja, un pequeño pueblo de Málaga, y después estuvo en Benaocaz. Allí descubrió, a principios de los setenta, que el Archivo Municipal estaba muy abandonado. Era de los pocos archivos de la zona que había sobrevivido al paso del tiempo, a las guerras, a los incendios y a las inundacionones, pero, no obstante, estaba descatalogado y arrinconado. Obtuvo el permiso necesario, gracias a su interés y a ser maestro, para organizarlo y estudiarlo, y, trás meses de estudio y trabajo, consiguió hacer varios descubrimientos muy importantes. En el capítulo XX de su primer libro :"Ubrique, encrucijada histórica", podemos leer la interesante historia que transcribimos a continuación. Antes debemos aclarar que es el relato novelado de la investigación contado como si una pandilla de jóvenes (en realidad eran los componentes del grupo de Misión Rescate 208) lo contara en primera persona.

CAPÍTULO XX

BENAOCAZ GANA UN PLEITO CONTRA LOS PRIVILEGIOS REALES DE LA MESTA



La pandilla, como ya hemos comentado, estuvo durante varios años rastreando, nunca mejor dicho, el Archivo Histórico de Benaocaz. Legajos y más legajos habíamos estudiado y ciertamente en nosotros se despertaba una inusitada curiosidad ya que el contenido histórico-cultural de estos librotes no sólo se refería a la sin par villa benaocaceña, sino a toda una comarca o región, la denominada Serranía Gaditana. Y, desde luego, cada vez que localizábamos algún nuevo dato de interés´la alegría nos inundaba y lógicamente hacíamos comentarios entre las personas que andaban a nuestro alrededor... Pero había una persona, nacida en Benaocaz y residente en la capital española, Profesor de Lenguas Clásicas en un instituto madrileño, a la cual dábamos el "parte" casi a diario, primero por ser benaocaceño y segundo porque, según él, estaba casi tan interesado como nosotros en el Archivo. Él mismo sería quien nos orientara en esta nueva singladura que comentamos para revalorizar uno de los textos encontrados, concretamente el que se refiere a "Privilegiados de Mesta".
Sus palabras nos dieron idea de que se trataba de un valiosísimo libro olvidado, que no debía quedar en el montón, hipótesis que se potenciaría cuando llegáramos a las conclusiones finales tras las distintas aportaciones documentales, no sólo por su estructura, sino por su importante contenido que trata, nada más ni nada menos, que el tema del mestano en Andalucía Occidental, hecho casi desconocido en la actualidad. Libro valiosísimo por la época en que estaba escrito el texto "anno 1557".
Y no solamente era desconocido el hecho en sí en Andalucía Occidental, sino que en España hay muy pocos especialistas en la materia. Y como si fuera una ironía del destino tiene que ser un francés el que se ocupe de estos temas. De todas maneras para la Pandilla era de agradecer que al menos esta persona, el Profesor Jean Paul Le Flem, escritor e historiador, se interesara por nuestros trabajos.
El catedrático de Benaocaz, en descanso por aquellos días en la población serrana y tras nuestros apasionados relatos sobre el Libro de Mesta existente en el Archivo Histórico de su pueblo, fue el que hizo las gestiones para podernos acercar al historiador francés, que él conocía y del que poseía el libro "Un gran Señor de la Mesta, don Juan Ibáñez de Segovia, Marqués de Mondéjar y Acrópolis", publicado como miscelánea de la Casa Velázquez.
Unas cuantas llamadas telefónicas y una carta de presentación nos bastaron para acudir a Sevilla, cuya Feria de Abril era visitada por el profesor francés.
Previsoramentey gracias a las autoridades de Benaocaz, llevábamos con nosotros el valioso libro que nos había sido prestado a condición de que sería devuelto tal y com nos había sido entregado, y de que bajo ningún concepto lo dejaríamos en ningún lugar ni a nadie.
La entrevista no pudo ser más halagadora. Al profesor le encantaba que nos hubiéramos interesado por este tema, tan interesante como desconocido, y a la vista de nuestras manifestaciones e informaciones, de las que él no tenía ninguna noticia hasta el momento, llegó a manifestarnos que "... sin lugar a dudas, este texto que ustedes portan es digno de ser publicado"
Siguieron sus comentarios, en el mismo hall del hotel donde conversábamos, en el sentido de que "para hacer un estudio a fondo hay que fotocopiarlo". Así lo hicimos. Poco a poco fuimos remitiendo folio tras folio a Madrid para su traducción por el Señor Le Flem.
Las contestaciones no se hicieron esperar, porque a través de diversas llamadas nos iba argumentando la realidad del contenido de tan preciado libro...


A medida que iban saliendo fascículos de la fotocopiadora, nos entraban unas enormes ganas de traducirlos, algo para lo que ninguno de nosotros estaba preparado, a pesar de ser antiguos universitarios, y decidimos intentarlo.


Al principio nos costó muchísimo pero poco a poco el trabajo fue más cómodo: Llegamos a traducir los 183 folios que componen el texto con una cierta perfección y con muchísima paciencia.


En nuestro Cuaderno Diario de Excursiones anotábamos por aquellos días “… un extraordinario pendolista, o escribiente de la Real Cachillería, había legado para la posteridad este texto que ha causado sensación entre aquellas personas más o menos relacionadas con el tema, pues gracias a estas conversaciones llevadas a cabo con el Sr. Le-Flem, el libro ha despertado en todas partes el natural interés, sobre todo en el Sindicato Nacional de Ganadería, cuya bibliotecaria y archivera, Sta. De la Torre, nos pone en contacto con el Archivo Provincial de Cádiz, y de aquí, con el Histórico Nacional, a través de su subdirector, Sr. Martínez Bara. Todo un periplo que, a su vez, nos sirve para mantener la calidad de lo inédito del libro en cuestión…”


Con franqueza debemos decir que la transcripción del libro, poco a poco, se fue haciendo grata para nosotros, ya que se nos ocurrió confeccionar una especie de “vocabulario-abecedario” para descifrar los símbolos más confusos, con lo que hacíamos más fácil su lectura o traducción.


Unos días, unos, otros días, otros, algún miembro de la Pandilla iba escribiendo en el Libro Diario de Excursiones: “LIBRO DE MESTA. Real ejecutoria de la Real Canchillería de Granada, ganada por el Concejo de la Villa de Benaocaz, contra el Honrado de la Mesta, sobre que puedan adehesarse las tierras inmediatas de la Villa. Año de 1557…”


Puede figurarse el lector el impacto que nos produjo la lectura de estas primeras líneas que fue la mecha que prendió nuestro interés porque, por aquellos entonces difícilmente se podía ganar en litigio a unos Privilegios Reales, como eran los de la Mesta.


Pero a pesar de este “triunfo de los lugareños”, algunos de ellos tuvieron que pagar determinadas cantidades de maravedíes, por haber abusado de las propiedades de sus tierras, cobrando a ganado mesteño impuestos por pasar por las mismas.


Continuando con nuestro texto, decíamos a continuación: “… D. Felipe Segundo, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algalbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las Canarias e Islas y Tierras Firmes, de la Mar Océana, duque de Austria, duque de Bayona y Benavante, conde de Roselló y de Denia, marqués de Onís, señor de Vizcaya y de Molina, Conde de Flandes y del Tirol, a los nuestros corregidores asistentes, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justicias qualesquieran, así como de la villa de Benaocaz, como de todas las otras ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, antes quienes esta carta ejecutoria o sus traslados signados de escribanos públicos formas y maneras, que a ella fuera presentada… sepan (sépades) que pleito pasó y se trató en nuestra Corte y Canchillería…”


Continuando con nuestros estudios de Mesta, localizamos un tema que nos llamó la atención y que igualmente reflejamos en nuestro particular Cuaderno Diario de Excursiones. Ésta era su transcripción: “…Ante el Alcalde Mayor de Ronda, será presentado un escrito de querella y demanda por Juan Sigler, procurador del Concejo de Mesta en contra de la Villa de Benaocaz, por… que el Concejo de la Villa de Benaocaz, vedaban y acotaban un ejido y pasto común que estaban en su término, cerca del lugar, lo tenían adehesado y no consentían que ganado alguno le entrase a pastar y si acaso entraba lo penaban, corrían y maltrataban si quedaban fuera, y les llevaban, y les habían llevado de cada cabeza de ganado menor, dos maravedíes de día y cuatro de noche; y por manadas, a cualquier género de ganado, tres reales de día y seis de noche, por lo que dicho procurador hacía presentación, con el juramento necesario, pidió al dicho juez que condenase al dicho concejo (de Benaocaz) a que de aquí en adelante los ganados entrasen en dicho ejido, los dejasen pastar libremente, conforme a sus privilegios, y no les llevase penas algunas, y por las que les habían llevado, hasta entonces, en restitución de treinta mil maravedíes en que la estima, más las penas en que habían incurrido.


Hay en el pleito un largo proceso en el que, aparte de destacar el indudable valor para el conocimiento histórico de la región, al inicio de la E. Moderna, por ser fuente documental de primer orden para los eruditos en el tema, hay que destacar también que, gracias al Libro de Mesta, podemos actualmente efectuar un padrón de habitantes o personajes del pueblo benaocaceño, recién conquistado por los Reyes Católicos, con tropas al mando del Duque de Arcos y Marqués de Cádiz, D. Rodrigo Ponce de León (Mayo de 1485) e inicio de la fundación del Señorío de las Siete Villas, de las que en anteriores párrafos hemos comentado algo.


Son casi 100 personajes de los que de una u otra manera van pasando a través de la lectura del Libro, porque casi todos ellos, propietarios de tierras y ejidos son los que se “han aprovechado” de los ganaderos que atravesaban sus tierras para cobrar sus propios impuestos”


De estos nombres podemos hacer una pequeña relación muy interesante, porque a los Antón Sánchez, Juan Miguel “el viejo”, Juan Gutiérrez, Juan Miguel “el mozo”, Mateos Sánchez, Lorenzo Sánchez, Juan García, Pedro Zarco, Fernán Blasques, Alonso de Orellana…, etc., etc., habría que agregar otros más, muchísimos más, interesantes por su gentilicio. Nos explicamos: Benaocaz, dejando aparte su reducida población del orden de los 600 vecinos, actualmente [1976], es muy parecido a Ubrique, y otros pueblos de la comarca. Sus mismas características, su misma idiosincrasia, manera de ser… etc., etc., pero (y esto cuesta trabajo creerlo), la fonética de uno y otros pueblos es tan diferente que les hace parecer de distintas zonas. ¿Qué razones existen, para que en uno u otros pueblos se hable de tan diferente manera?


Quizás en este trabajo sobre el mestano benaocaceño encontremos una posible solución a la pregunta, al menos así lo estimamos, porque unidos a esos nombres reseñados, encontramos otros procedentes de Castilla, personas que debieron traer consigo las características propias (léxico, fonía) del habla castellana. Así pues encontramos nombres como Miguel de Toro, Juan de Béjar, Antón García de Llerena, Miguel de Salamanca, etc., etc.


Otro dato a tener en cuenta, para potenciar la hipótesis aludida, es precisamente que la repoblación de la Serranía Gaditana por los Reyes Católicos se haría pocos años antes del pleito, y al ser Benaocaz villa fronteriza, eminentemente musulmana, su población aparecería en gran parte teniendo que ser sustituida por caballeros de otras latitudes, tal y como lo recogen Mancheño y Olivares, escritor arcense, y Aragón Macías, en sus Misceláneas, depositadas desde 1983, en la Secretaría del Ayuntamiento de Ubrique.


Aparte de estos temas, que afectan directamente a la lingüística y a la sociedad mesteña, tenemos que reseñar otro, no menos importante, que se refiere a las tierras próximas a la villa de Benaocaz, dándose un sinfin de nombres de propiedades rústicas, de las que podríamos hacer un catastro de la época, así como la curiosidad de sus medidas, unas veces, en almudes, otras en celemines, otras en fanegas o anegas… etc.


A los más avariciosos, el Alcalde Mayor de la ciudad de Ronda, que fue quién y dónde se llevaron a cabo los juicios, los condenó con multas que iban desde los 500 a 2.000 maravedíes, destacándose las que por “rebeldía”, se le impusieron a las dos viudas que entraron en el pleito, María Sánchez Crespo e Isabel González, señoras, que no acudieron a la ciudad de Ronda.


* * *


Desde luego nuestros trabajos no quedaban olvidados. Nuestras continuadas visitas y llamadas telefónicas a organismos rectores ganaban la voluntad de ciertas personas a las que podían interesar, en primer lugar, el LIBRO de la Mesta, y en segundo todo lo concerniente al tema mesteño en Andalucía –Así tuvimos la oportunidad de recibir en Ubrique, de paso para Benaocaz al Sr. Rovira Martín, del antiguo cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y a su vez Director del Archivo Histórico Provincial de Cádiz. No hubo inconveniente alguno, en acompañarle a la bella población benaocaceña, para que hiciera un detenido examen de su Archivo Municipal “… de cuyos fondos –nos decía D. Manuel Rovina poco después- destacando en gran manera, se localizó un importantísimo y valioso documento en orden al estudio y conocimiento de la Mesta en Andalucía, por el grupo”.


“Dicho documento –nos ampliaba su escrito- corresponde a un texto inédito, de principios del siglo XVI, no catalogado, del que se destaca, aparte de su importancia para el conocimiento de la Mesta en Andalucía Occidental, hasta ahora poco estudiada, su indudable valor para el conocimiento de todo el encalve de la Serranía Gaditana como fuente documental de primer orden para los eruditos en el tema…”


* * *


Días atrás habíamos puesto un poco de orden, entre aquellos que: “… en contravención de los reales privilegios…”, “… habían Rompido y labrado un pedazo de tierra en el prado y ejido de la dicha villa (Benaocaz)…” “asunto éste –según reza el texto- venía ocurriendo desde hace cincuenta años a más…” (Es decir en los primeros años del siglo XVI, lo que le da mayor calidad e interés).


Como hemos dicho, una puesto en orden, “en la ciudad de Talavera de la Reina se haría sentencia formal, por Pedro de Tudanca”, consiguiendo, pues nuestra villa hermana, que las tierras próximas a ella pudieran adehesarse, todo lo contrario que permitía el privilegio de la Mesta, que era algo así como que el ganado estuviera “encima” de la agricultura…


El libro se encuentra y conserva en relativo buen estado. Completo. Tiene 183 folios manuscritos, por ambas caras, letra procesal, calara y bien definida ¡Cosa curiosa!


La repetición de palabras y de hechos, intencionadamente, nos hace pensar que el pendolista o escribano público, cobrara por “centímetro de escritura”.


La parte de atrás, es decir, las últimas hojas del texto, en su parte superior se encuentran carcomidas, bien por las polillas, bien por los roedores, pero sin daño acusado a su contenido.


Tiene magníficas anotaciones marginales (sentencias, dineros, prados, ejidos…) que sirven de guía o índice para que el lector vaya directamente al tema que más le interese.


Su tamaño, es aproximadamente el de un folio actual, con unos tres centímetros de grueso. Sus tapas de piel de oveja apergaminada, y con cintas en sus extremos para que puedan ser siempre bien cerradas…


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Jean-Paul Le Flem, en carta que recibimos por estas fechas, nos aclaraba lo que tanto ansiábamos: Saber por dónde iba la trashumancia mesteña. Más o menos nos decía así: “… la historigrafía tradicional limitaba la extensión de la trashumancia mesteña a las dos Castillas con excrecencias hacia Aragón y las Sierras de León al Norte, hacia Murcia y el Andévalo al sur, es decir, que Andalucía quedaba totalmente excluida de la historia mesteña. Gracias al preciado texto localizado por la Pandilla, se replantea totalmente el problema de la influencia de la Mesta en tierras andaluzas, y especialmente el papel del alcalde de la Mesta en alguna importante ciudad andaluza, oficios creados por sus propios municipios, y aún, en los tiempo modernos sin estudiar…”


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Una vez más sería la sagacidad y el propio estímulo, lo que valdría para que esta impresionante joya de la bibliografía nacional quedara controlada y sujeta a organismos que la custodien en bien del patrimonio de todos.




Es increíble que, a pesar de toda la correspondencia y el contacto con Ubrique y con Manuel Cabello, el señor Le Flem publicó, años después, el estudio de los Archivos de Benaocaz y del Libro de la Mesta sin hacer mención alguna de su auténtico descubridor. No obstante, Manuel Cabello había conseguido su objetivo: dar a conocer estos valiosos legajos, ponerlos en valor y preservarlos. Actualmente están debidamente conservados y custodiados por el Ayuntamiento de Benaocaz.



Serafín Ruiz Cabello